No te debo nada

On 19 septiembre, 2016 by Gloria Viseras

Hoy he oído a un padre decirle algo a su hijo y me ha hecho recordar aquel sueño recurrente de mi niñez: “Voy por la calle con mi maillot rojo y azul.  Doy un par de pasos corriendo y salgo por los aires volando.  Vuelo durante un rato viéndolo todo desde arriba pero por dentro: mi gimnasio… Luego vuelvo a bajar. Doy otros cuantos pasos y vuelvo a salir volando. Siento la ingravidez en mi estómago, el viento en la cara, no tengo peso y soy libre”.

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Cuando era niña yo podía volar.  Podía volar de verdad impulsándome con mis piernas y mis brazos. Aquello era increíble; como una droga que dura solo unos segundos. Me costaba mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucho sacrificio y muchas horas de entrenamiento en un gimnasio donde me decían cosas que ojalá ningún niño tuviera que escuchar:

“Eres mala”

“Estás gorda”

“No vales para nada”

“Con todo lo que yo hago por ti… y así me lo pagas.”

Yo efectivamente era “mala” porque me caía de la barra.  Era “gorda” (y “mala”) porque me había comido un helado el domingo y había engordado 100 gramos.  Y “no valía para nada” porque “jamás iba a conseguir ser campeona olímpica”.  Con todo lo que él hacía por mí y yo se lo pagaba cayéndome de la barra en los entrenos.

Sobre la base de esas frases me fue preparando. “Con todo lo que yo hago por ti … desagradecida”. Una y otra vez. Repetido allí como un mantra hasta la saciedad. Se convirtió para mí en una verdad absoluta, incrustada en mi persona a nivel celular, que me dejaba absolutamente desprotegida ante el abuso. Con 12 años yo me sentía incapaz de poder hacer lo suficiente para devolverle lo que yo le debía a mi entrenador por ejercer su profesión y enseñarme a hacer gimnasia. Así era como se dejaba la puerta abierta para poder sobrepasar la última línea de abuso: la del abuso sexual.  Yo le debía hasta eso. Porque se lo debía.  Porque yo era quien era gracias a él. Porque mi confianza, mi respeto e incluso “mi amor” debían ser obligados, incuestionables y sin fisuras.

Condenada a tener que estar eternamente agradecida a cualquier persona que hace “algo” por mí, aunque sea su trabajo, su obligación o simplemente un comentario amable. Y de no merecerlo.

No hay límite a ese “me lo debes” y te atrapa.

Esa persona que tanto “me quería” y “tanto hacía por mi” no podía estar haciendo nada que pudiera perjudicarme. Así me lo hizo creer y por eso mi cabeza de niña era incapaz de entender por qué me dolía tanto. ¿Por qué me hacía sentir tan mal? ¿Por qué me sentía un bicho raro? ¿Por qué me hacía creer que no podía contarle a nadie lo que él me hacía?

Poco a poco, ese entorno donde yo crecía y donde yo volaba se fue convirtiendo en una jaula muy real de la que no podía escapar y tuve que salir a volar en sueños. Tuve que volar en mi imaginación con Chopin a todo volumen y bailando y volando en mi cabeza para poder liberarme durante un rato de los grilletes con los que me tenía atada.

Con los años he comprendido que no le debo nada y que fue él quien decidió sobrepasar todos los límites utilizando su posición de poder como entrenador y como adulto.

Yo no. Yo se ejercer mi profesión y dar lo mejor de mi en mi trabajo pero a mis hijos jamás les pediré nada a cambio de mi amor. A mis amigos jamás les pediré nada a cambio de mi amistad.

Y esto me da alas y me hace sentir libre para volar con Chopin sin necesidad de hacerlo en sueños.

8 Responses to “No te debo nada”

  • Mi amistad siempre estará contigo, para, como y dónde quieras.
    Gracias por tu generosidad y lucha para que nadie tenga que vivir esas fatídicas experiencias.
    Hay que seguir para que el abuso no prescriba.

  • ¡Qué grande eres, amiga!
    Y cómo me suena ese “me lo debes”… Qué igualitos son todos…

    • Tu si que eres grande!

      Efectivamente son todos iguales y yo siempre me pregunto porqué, sabiendo como son, no se previene mejor …

      Un beso fuerte

  • Para mi eres un ejemplo a seguir. Ví salvados y como persona humana sé que nadie debe quitarte la oportunidad de defenderte..este país es de verguenza…yo he perdido un juicio de un accidente laboral en el curro que me dejó ciega de 1 ojo…sé como puedes sentirte aunque lo mío sea algo menos grave..pero ánimo!!!GRACIAS POR HABER HABLADO. GRACIAS POR TU LUCHA.

    • Gracias por tu mensaje pero perder un ojo me parece bastante grave. Si luchamos juntos por nuestros derechos, somos más fuertes. Un abrazo y mucho ánimo.

  • Es cierto. A veces se nos olvida y decimos frases que no pensamos pero que caen como una losa sobre nuestros hijos o alumnos.
    No hay que pagar por el cariño, ni por la amistad, ni por el amor…
    Gracias por recordarlo.

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