#eldeportereacciona

On 28 diciembre, 2015 by Gloria Viseras

Hace unos días di una charla ante un grupo de estudiantes de CAFE (Ciencias de la Actividad Física y del Deporte) en la Universidad de VIC organizado por la Doctora Montserrat Martín y su equipo. Hablé ante una sala repleta de jóvenes entrenadores y jóvenes futuros entrenadores. Ya había hablado ante estudiosos de los abusos sexuales en el deporte o ante psicólogos deportivos pero estoy segura de que hablar directamente con los jóvenes entrenadores que están o estarán a cargo de los menores ayudará a que los entornos deportivos sean más sanos y seguros.

Con ellos podemos trabajar para que entiendan cómo son esos entornos en los que pueden darse abusos. Conocer cómo funcionan estos entornos y cómo son los abusadores ayudará a que ellos mismos puedan detectar los casos y actuar en consecuencia. Con estos jóvenes podemos trabajar para cambiar metodologías de entrenamiento basadas en la presión, en el miedo y en la violencia por metodologías holísticas en las que se ponga al deportista en el centro de su propia formación integral. Al fin y al cabo, en la mayoría de los casos y siempre en los comienzos de cualquier carrera deportiva, termine o no en la élite, el deporte es solo un aspecto más del desarrollo integral de los niños y adolescentes. Podemos trabajar para que los jóvenes entrenadores entiendan que los deportistas no son el vehículo para el éxito de ningún adulto. Cuando las carreras deportivas terminan, los deportistas tienen todo su futuro por delante y en la mayoría de los casos se desarrollará fuera del deporte. Con ellos podemos empezar por cambiar actitudes y cosas tan elementales como el lenguaje que utilizamos en los entornos deportivos, tan comprensible y tan obvio para los adultos pero tan confuso para los menores. Podemos trabajar para que los propios entrenadores impulsen en sus centros de trabajo la creación y puesta en marcha de protocolos de actuación y guías de buenas prácticas en las que todo el mundo tenga claro cuál es su papel y la manera de actuar ante cualquier caso dudoso o confirmado de violencia de cualquier tipo contra cualquier persona, pero en especial contra los grupos más vulnerables: menores o deportistas con necesidades especiales.

Desde mi sitio me impresionó el silencio que había en esa sala abarrotada de jóvenes mientras les contaba mi experiencia y les explicaba mis puntos de vista sobre la protección del deportista, pero también sobre su propia protección como entrenadores. Mi intención no es dar lecciones a nadie ni por supuesto meter a todos los entrenadores en el mismo saco. Mi objetivo con estas charlas es que se comprenda lo realmente fácil que es sobrepasar las líneas que nunca se deben sobrepasar cuando la relación entre un entrenador y un deportista es tan desigual. Porque para que alguien pueda sobrepasar la clarísima línea del abuso sexual en un entorno deportivo, es necesario que anteriormente se hayan sobrepasado muchas otras líneas que no están tan claras: la de los favoritismos, la del chantaje emocional, la del abuso psicológico, la de la negligencia, la del bullying, la del abuso de poder y de confianza… Sobrepasar cualquiera de esas líneas es muy dañino para las personas y los menores deportistas son tremendamente vulnerables en este sentido. Y cuando se ha permitido que todas estas líneas se hayan sobrepasado, también es muy fácil que un abusador pueda sobrepasar la línea del abuso sexual. Tenemos que actuar desde el principio porque la protección del deportista radica en detectar todas estas prácticas y actuar contra ellas lo antes posible.

impact of a coach

“Un entrenador impactará a más jóvenes en un año de lo que lo hará una persona [que no es entrenador] a lo largo de toda su vida”. Esto es absolutamente cierto, pero se trata de impactar positivamente y no de dejar cicatrices de por vida.

Yo propongo empezar por cambiar el lenguaje que utilizamos y pongo como ejemplo esas frases tan utilizadas que hacen referencia a la necesidad de soportar dolor para tener éxito.   “No pain no gain”

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O esta que me cabrea tanto:

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La consecuencia de aguantar dolor no es en ningún caso conseguir el éxito. Esto, además de ser falso, es tremendamente confuso para un menor.

Estas son frases para adultos pero se nos olvidan los menores y que en muchos casos no son capaces de diferenciar entre el dolor físico que se soporta como deportista a cualquier nivel y ese dolor que causan los abusos y que JAMAS ha de ser soportado por ningún niño (ni por nadie). Este tipo de frases tan aceptadas y tan idealizadas hacen que las líneas de las que hablábamos antes se desdibujen y dejen de estar claras. No todo vale. Yo propongo empezar a hablar de “No hay éxito sin superación”; “No hay resultados sin esfuerzo, ilusión, determinación, trabajo, constancia, compromiso y también alegría y diversión”. Siempre en positivo.

Hace un par de años, cuando mi hija empezó a practicar baloncesto, saludé al que iba a ser su entrenador en la escuela municipal del municipio donde vivo: un chico joven encantador. Una de las primeras cosas que me dijo fue “…Es que a mí me encantan las niñas”. Me saltaron todas las alarmas. Luchando contra las ganas que me dieron de salir corriendo de allí, conté hasta 5 (no llegué al 6), respiré hondo y le contesté: “Quieres decir que te gusta entrenar a equipos femeninos ¿Verdad?”. Las palabras son importantes y debemos aprender a utilizarlas correctamente, sobre todo en entornos profesionales con menores.

También es necesario que la profesión de entrenador tenga el reconocimiento social que merece pero para eso, los propios entrenadores deben comportarse como profesionales. Siempre oigo a los entrenadores quejarse del intrusismo que existe en su profesión (casi cualquiera puede hacerse llamar “entrenador”). Oigo a entrenadores quejarse de que algunos padres se creen entrenadores porque durante los partidos no paran de dar instrucciones técnicas a sus hijos “a grito pelao” desde las gradas. Y sin embargo tampoco dejo de oír a entrenadores decir que son “como padres” o “como hermanos” de sus deportistas. Yo les digo claramente que un entrenador no es ni un padre, ni un hermano. Un entrenador no es masajista ni psicólogo. Los deportistas ya tienen padres y hermanos y ya existen los profesionales dedicados a la psicología o a la fisioterapia. Cada uno debe saber cuál es su sitio dentro de estos entornos de confianza de los menores y de esta manera los propios deportistas también lo tendrán claro y podremos proteger mejor. Hay que dejar que los padres sean padres y los psicólogos sean psicólogos. Solo así podrán los entrenadores exigir que les dejen ser entrenadores.

Después de la charla un estudiante me dijo: “Yo entreno a un equipo femenino. Me considero como un “hermano” suyo. Yo las abrazo cuando lo hacen bien y no soy un abusador…” Por supuesto que no todos los entrenadores son abusadores y tampoco se es abusador por abrazar a una niña o a una adolescente. De hecho la inmensa mayoría de los entrenadores son personas maravillosas. Les puse el ejemplo de los entrenadores (todos ellos) que tuvo la suerte de tener mi hijo Alex. No solo le formaron deportivamente hasta llegar a ser Subcampeón de España, de Europa y del Mundo de balonmano en su etapa de juvenil. Los entrenadores de Alex también nos ayudaron (a sus padres) con su formación en valores (esfuerzo, trabajo en equipo, disciplina, respeto, superación, compromiso…) y por ello les estoy enormemente agradecida.

Yo no hablo de que no exista el contacto físico. Se puede ser un entrenador cercano y cariñoso, pero entrenador. Ni padre, ni hermano, ni psicólogo ni masajista. Si salimos del entorno deportivo y nos colocamos en un entorno educativo de un colegio, por ejemplo, se vería rarísimo que un profesor abrazara a un alumno o alumna (de la manera que lo hacemos en el deporte) cada vez que resuelve correctamente un ejercicio de matemáticas. Dicho esto, también digo que el contacto físico no solo es positivo en los entornos deportivos… es necesario. Nosotros como adultos sabemos cuál es la diferencia entre un abrazo de ánimo o de alegría y un abrazo “sexualizado”. Quizá el menor o el adolescente no sea capaz de diferenciarlos y es por eso que como adultos, los entrenadores son responsables de que los mensajes lleguen claros a los deportistas y un abrazo de motivación no sea confundido por el niño o el adolescente con un abrazo sexualizado. En caso de duda… es mejor no dar un abrazo y la decisión sobre si hacerlo o no es del adulto. Esto ayuda en la protección del deportista pero también en la protección de los propios entrenadores.

Yo estoy segura de que se producen mejores resultados a todos los niveles en entornos deportivos en los que los roles están absolutamente claros para todo el mundo, donde el deportista es valorado por sí mismo como persona y no por sus resultados y donde se permite al deportista participar en sus propias planificaciones, en sus objetivos e incluso en las metodologías de entrenamiento. Soy partidaria del trabajo en equipo entre el entrenador y el deportista y de abandonar esa idea de que los entrenadores son poco menos que “semidioses” que están por encima del bien y del mal, que todo lo saben, siempre tienen razón y jamás se equivocan. Dejemos de lanzar mensajes sobre entrenadores que “dan la vida por un deporte” o que “solo se merecen homenajes y ninguna crítica” y empecemos a hablar de entrenadores que hacen su trabajo. Debemos huir de aquellas metodologías del “porque yo lo digo” y cambiar a metodologías del “dime cómo podemos hacerlo mejor juntos”. Dejar el “no sirves para nada” y cambiarlo por un “ánimo que tú puedes”. Algunas personas lo traducen directamente del inglés por “metodologías de empoderamiento” del deportista. Haced una prueba. Preguntadles a vuestros deportistas cómo podéis mejorar juntos los planes de entrenamiento y las metodologías y os aseguro que os sorprenderán incluso los más pequeños.

Desgraciadamente, a veces no se pueden evitar los abusos en entornos deportivos pero habrá merecido la pena si entre todos vamos aprendiendo a detectar las señales del abuso y podemos librar a un solo niño o niña de ser abusado. Un entrenador es fundamental en un entorno deportivo y tiene un enorme poder sobre sus deportistas. Su enfoque personal y su estado de ánimo en un día concreto es lo que creará el ambiente que se respire. Un entrenador podrá hacerle la vida imposible a un niño o hacerle feliz. Puede convertirse en un instrumento de tortura o en un referente para sus deportistas. Un entrenador puede humillar o inspirar, dañar o curar, hundir o motivar, des-humanizar o humanizar a un niño. Preguntaos qué tipo de entrenadores seréis y como queréis influir en la vida de vuestros deportistas.

Doy las gracias a todos los estudiantes de CAFE de Vic que vinieron a escucharme aquel día. Espero que estéis de acuerdo conmigo al menos en algunas de las cosas y que juntos podamos poco a poco hacer mejoras tan necesarias en los entornos deportivos con menores en nuestro país. Gracias a la Universidad de Vic por invitarme y a Montse Martín y su equipo por organizar el evento y por el trabajo que realizan en este campo tan poco agradecido. Os dejo un enlace a un vídeo precioso que es parte de ese trabajo.

https://www.youtube.com/watch?v=q4yIjpLe2s8

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